La Dictadura de la Felicidad
Vivimos en una tiranía de sonrisas falsas. Abre Instagram y verás un desfile infinito de vidas perfectas, desayunos balanceados y atardeceres con frases motivacionales que no significan nada.
Te han vendido que la felicidad es el único estado aceptable. Que si estás triste, ansioso o enfadado, algo estás haciendo mal. "Vibra alto", te dicen. Como si tus emociones fueran una frecuencia de radio que puedes sintonizar a voluntad para ignorar la estática de la realidad.
Es mentira. Y es una mentira tóxica.
Esta presión por estar siempre bien te prohíbe sentir la mitad de tu vida. Niega el dolor, que es el maestro más brutal pero más honesto que existe. Niega la duda, que es la antesala de cualquier descubrimiento real.
En mi estudio, los días buenos son raros. La mayoría de las veces, pintar es una pelea. Es frustración. Es mirar un lienzo y sentir que no eres suficiente. Y precisamente de esa fricción, de ese choque contra tus propios límites, es de donde nace algo que vale la pena.
La felicidad constante es para los anuncios de yogur. El arte, como la vida, necesita contraste. Necesita sombra para que la luz tenga sentido. Deja de intentar arreglarte. No estás roto, solo eres humano.